Destaca escritor Eduardo Vargas papel de las mujeres de la Orden de la Merced en la comunidad de Tamatán

Enrique Jonguitud/ Entrevista.com

Ciudad Victoria, 19 de septiembre.-El sur de Ciudad Victoria conserva la huella indeleble de mujeres que transformaron comunidades con su labor social y espiritual: La historia de San Isidro Tamatán y Nuestra Señora del Sagrado Corazón demuestra que la acción cotidiana puede consolidar identidad y devoción, a través del legado de la Orden de la Merced.

El escritor y artista visual Eduardo Vargas López, ofreció una conferencia en la biblioteca estatal Marte. R, Gómez, en la que dio una amplia visión a través de su ensayo “Aquellas Mujeres Santas: Reconocimiento del papel de los grupos CERS y la orden tercera mercedaria en Tamatán”.

Relato que la parroquia San Isidro Labrador, en la zona de Tamatán, vio nacer grupos de laicos comprometidos, especialmente mujeres, que asumieron roles de enseñanza, acompañamiento y ministerios en la capilla de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en la colonia Américo Villarreal. «Estas mujeres trabajaron casa por casa, difundiendo el rosario y promoviendo devociones», explicó.

En el marco del Segundo Coloquio Interdisciplinario “Topicos Victorenses”Vargas López destacó la labor de esas mujeres en la construcción de comunidad y aportaciones culturales en la capital de Tamaulipas ya que  “Las Comunidades Evangelizadoras para la Reconciliación y el Servicio, CERS, integradas por laicas dedicadas al servicio, ofrecieron acompañamiento espiritual, atención a enfermos, catequesis y labores de reconciliación, siguiendo un modelo de servicio que exige humildad y constancia. Su labor fue comparada con el arquetipo de Marta de Betania, diligente y preocupada por los demás”

Paralelamente, la Orden Tercera Mercedaria formó a mujeres de mayor edad, centradas en la contemplación, devoción y obras de caridad, consolidando capillas y promoviendo la fe. Su ejemplo recuerda la figura de María de Betania, quien eligió escuchar y meditar junto al maestro, reflejando un equilibrio entre acción y contemplación.

De esta manera la participación femenina se volvió visible en la liturgia y la vida comunitaria en la zona de Tamatán en Ciudad Victoria. Mujeres acólitas, lectoras, salmistas y ministras ayudaban a oficiar los ritos, mientras los símbolos como el pantalón negro, la blusa blanca y la cruz de madera con las siglas CERS señalaban su entrega y pertenencia.

El legado histórico conecta con la Orden Mercedaria fundada en 1218 por Pedro Nolasco en Aragón, dedicada a redimir cautivos y proteger a los desposeídos. La labor de los frailes y laicos se trasladó siglos después a México, donde evangelizaron, protegieron culturas originarias y promovieron la educación y la caridad.

Estas mujeres contribuyeron a consolidar parroquias, templos y ministerios que aún hoy fortalecen la identidad y sentido de pertenencia de la comunidad. «Su esfuerzo no solo sostiene la vida litúrgica, también genera cohesión social y orgullo comunitario», afirmó Eduardo Vargas

El impacto de su acción cotidiana se refleja en la permanencia de capillas, celebraciones y tradiciones, recordando que la fe, el servicio y la comunidad son inseparables. Su labor visibiliza el papel transformador de las mujeres en la Iglesia y la sociedad, más allá de jerarquías y cargos oficiales.

El reconocimiento de estas mujeres como agentes de cambio asegura que los valores de servicio, justicia y devoción permanezcan en la memoria colectiva. Su historia demuestra que el legado espiritual y cultural se construye día a día, y que la participación femenina es esencial para la vida de las comunidades de San Isidro Tamatán y Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

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