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Ciudad Victoria, 23 de septiembre.- La parroquia de San Isidro Labrador, ubicada al sur de la capital tamaulipeca, fue el tema central de la conferencia ofrecida por el presbítero Juan Carlos López Martínez en la biblioteca Marte R. Gómez, donde expuso aspectos históricos poco difundidos de este templo que se ha convertido en un símbolo de identidad para los victorenses.
El sacerdote explicó que la iniciativa de levantar el templo nació en 1948, tras la pérdida de la parroquia del Niño Jesús, que había sido arrasada por un ciclón en las márgenes del río San Marcos. “Los campesinos necesitaban un espacio de fe y comunidad, por lo que se unieron con el apoyo de la empresaria Gloria Elizondo, propietaria de la empacadora de pescado Tamatán”, recordó.
En ese esfuerzo destacó también la aportación del ejidatario Francisco Tristán, quien cedió el terreno para que pudiera levantarse la nueva construcción, destinada a sustituir a la que se había llevado el fenómeno natural. Con ese gesto, la comunidad rural garantizó la continuidad de su vida religiosa en una época de dificultades.
López Martínez situó el origen de la parroquia en un momento en que el país aún resentía las consecuencias de la Guerra Cristera, cuando el Gobierno Federal había limitado la libertad religiosa y mantenía una postura de confrontación hacia la Iglesia católica. “Hubo incluso intentos de frenar la obra, bajo el argumento de que eran más necesarias las escuelas que las iglesias”, señaló.
Uno de los aspectos más llamativos expuestos en la conferencia fue el hallazgo de evidencias de que parte de la parroquia se construyó con piedras sobrantes de la edificación del penal de Victoria, obra dirigida por el arquitecto Enrique L. Canseco. Este hecho conecta la historia religiosa con la arquitectónica y carcelaria de la ciudad.
La charla formó parte del Segundo Coloquio Tópicos Victorenses, un espacio cultural para la recuperación de la memoria local. La ponencia atrajo a un nutrido grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, quienes mostraron interés en los datos que vinculan la fe, la historia social y el urbanismo de la capital.
Con su relato, López Martínez subrayó la importancia de mantener vivas las raíces culturales y religiosas de la ciudad, recordando que la parroquia de San Isidro Labrador no solo representa un templo, sino también la resistencia y la unión de una comunidad ante las adversidades históricas.
La recuperación de esta memoria refuerza el papel de la parroquia como patrimonio cultural de Ciudad Victoria, uniendo tradiciones campesinas, aportaciones empresariales y testimonios de lucha social en la construcción de un símbolo colectivo que permanece vigente hasta nuestros días.