Tamaulipas sigue en espera de resultados

Entrevista.com.mx

Diagnóstico Reservado / José Saldaña

Cd. Victoria, 26 de septiembre de 2026.- El próximo 1 de octubre Américo Villarreal Anaya se presentará ante los tamaulipecos para rendir su tercer informe de gobierno. Será el momento de la oratoria, de las promesas y los balances maquillados.

Pero para muchos —y con justa razón— el mandatario llega con una imagen gastada, carente de credibilidad, porque no ha entregado aquello que más necesita la población: resultados reales, obras de envergadura, servicios públicos que mejoren la vida cotidiana.

Desde el inicio de su administración, Villarreal ha tratado de escudar su gestión señalando al gobierno anterior. Tres años después, sigue culpando a “la administración pasada” por casi todo lo que no funciona: seguridad, infraestructura, hospitales.

Esa actitud de evasión deja en evidencia su incapacidad de reconocer errores y asumir responsabilidades propias. Un gobierno que carga con el pasado como excusa permanente muestra que su discurso —más que autocrítica— es retórica burocrática.

Salud: la tragedia silenciada

Si hay un tema donde su responsabilidad es ineludible, es el del sistema de salud estatal. Los hospitales públicos de Tamaulipas padecen carencias crónicas de insumos, fallas estructurales y, lo más grave, faltantes de medicamentos vitales.

En múltiples denuncias ciudadanas se ha documentado que pacientes con cáncer no consiguen sus fármacos oncológicos, que quimioterapias se posponen o que costosas medicinas deben comprarse fuera del sistema público.

Cuando en un estado la gente muere porque no tiene acceso a tratamientos básicos, no sirven discursos ni titulares oficiales: se requiere acción, gestión, presupuesto eficiente.

El mandatario estatal suele presumir inversiones en equipamiento médico e infraestructura en notas oficiales del gobierno. Pero esas declaraciones contrastan con la realidad diaria que viven las y los enfermos: salas sin material, rutas de atención fragmentadas, médicos castigados por bajos salarios, equipos obsoletos que quedan fuera de servicio.

La deuda de las obras mayores

Al revisar estos tres años, poco se encuentra que, en el contexto estatal, destaque como obra estructural significativa que transforme regiones rezagadas: hay escasa modernización de redes hidráulicas, mínimas inversiones en drenaje, viviendas u obra social de alto impacto.

En cambio, el discurso oficial insiste en reproducir los programas sociales federales como si fueran logros propios.

Este énfasis en lo federal les permite deslindarse de responsabilidades, pero los tamaulipecos demandan que el gobierno local asuma la obligación de gobernar para ellos, no depender como gestor pasivo.

La verdadera gobernanza exige que el estado tenga proyectos propios: hospitales modelo, carreteras estatales de alta calidad, infraestructura cultural, electrificación, desarrollo rural. Si esos rubros no han sido atendidos con énfasis, la población lo siente —y lo va a exigir.

Seguridad y empleo: las cuentas pendientes más graves

El más grave lastre es la inseguridad. Tamaulipas sigue entre los estados con altos índices de violencia. Los ciudadanos viven con miedo: miles de policías o elementos militares no bastan si no hay estrategias de prevención, inteligencia y coordinación institucional. El reto exige decisiones valientes, no declaraciones huecas.

De igual manera, la generación de empleos formales sigue rezagada. Muchos jóvenes y familias ven pocas oportunidades locales, lo que los empuja a migrar hacia el centro del país o hacia los Estados Unidos, o resignarse al trabajo informal con bajos salarios.

Un gobierno que no promueve crecimiento económico regional, el establecimiento de empresas, cadenas productivas o el impulso al sector agroindustrial deja un vacío estructural: sin empleo digno no habrá paz social.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *